Un día Marina fue con sus padres a cenar a uno de "esos" restaurantes. Comió un sandwich - a medias -, algunas patatas fritas y algo de ensalada. Pero al terminar de comer, se aburría y comenzó a jugar.

Tenía a mano sobres de ketchup, mostaza y mahonesa, y los empezó a colocar todos en fila encima de la mesa, formando un colorido tren.

Le gustó cómo había quedado, y apoyó la cabeza sobre su brazo, para verlo más de cerca. Entonces oyó perfectamente como sonó un silbato, y un revisor gritó "Viajeros al treeen".

Y Marina se subió en uno de los vagones justo antes de que la chimenea de la locomotora empezase a soltar humo con más intensidad mientras empezaba a moverse con dificultad - pues Marina había hizo un tren muy largo-.

Primero por las vías, luego el tren empezó a volar a gran velocidad, por encima de la tierra, montañas y el mar. Y siguió volando hasta las estrellas. Así fue como Marina descubrió que no eran más que globos, que los niños dejaron muy alto volar.

El Tren del Fin del Mundo

Foto: El Tren del Fin del Mundo de Sam Ruaat.